Jasemin.
El aire seguía sin volver del todo a mis pulmones después de escucharlo. Su frase no era una de hospitalidad, literalmente era una sentencia, o una forma directa de recordarme dónde estaba realmente, y lo peor era que Aarón no estaba esperando ninguna reacción de mi parte. Como si mi miedo, mi rabia o mi incredulidad ya estuvieran calculados de antemano.
Seguía de pie cerca de la cama, mirándome con esa calma peligrosa que no pertenece a alguien que pide permiso, sino a alguien que no