Jasemin.
No sé en qué momento dejó de ser rabia… o tensión… o todo eso que nos había estado consumiendo desde hacía días.
Solo sé que en algún punto… cambió.
Al principio fue igual de brusco, igual de urgente, como si ambos estuviéramos intentando arrancarnos todo lo que llevábamos dentro, como si el contacto fuera la única forma de callar lo que no queríamos decir. Sus manos no tenían paciencia, mi cuerpo tampoco, y durante un instante solo fuimos eso… necesidad pura.
Pero no se quedó ahí, por