La noche había caído sobre la mansión con un silencio extraño.
No era paz.
Era esa clase de quietud que parece observarte… como si algo estuviera a punto de romperse.
Adrián no podía dormir.
Había dado vueltas en la cama durante horas, con los ojos abiertos en la oscuridad, sintiendo ese mismo peso en el pecho que lo había acompañado todo el día. No era dolor físico. No exactamente.
Era… incomodidad.
Una sensación persistente de que algo no estaba en su lugar.
Cerró los ojos con fuerza, intenta