El amanecer encontró a Adrián y Miranda caminando descalzos por la playa.
La celebración había terminado hacía apenas unas horas, pero ninguno de los dos tenía prisa por regresar.
Las olas rompían suavemente a sus pies.
El viento llevaba consigo el mismo aroma salado que años atrás había sido testigo de tantas promesas.
Adrián observó el horizonte.
—¿En qué piensas?
Miranda sonrió.
—En que la vida tiene una forma muy extraña de sorprendernos.
Él entrelazó sus dedos con los de ella.
—¿Te arrepie