Habían pasado tres semanas desde que Adrián y Miranda decidieron empezar de nuevo.
La vida comenzaba a recuperar su ritmo.
Las oficinas de Belmonte Group volvían a respirar tranquilidad.
Los rumores habían desaparecido.
La investigación seguía su curso, pero la empresa había recuperado la confianza de sus inversionistas y empleados.
Sin embargo, Adrián sentía que aún tenía una deuda pendiente.
No con la empresa.
No con su familia.
Con Miranda.
Aquella mañana llegó muy temprano a su despacho.
So