Sara permanecía despierta.
Sentada frente al tocador de la habitación que ahora ocupaba junto a Adrián, observaba su reflejo sin verlo realmente. Sus dedos golpeaban el borde de la mesa con un ritmo nervioso mientras repasaba una y otra vez la escena que había presenciado.
La mirada de Adrián.
No había sido una mirada cualquiera.
Había visto demasiadas veces esos ojos para no reconocer el cambio.
No era amor.
Todavía no.
Pero sí...
Duda.
Y la duda era el peor enemigo de todas las mentiras.
Apre