La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Belmonte.
Por primera vez en muchos meses, el silencio que envolvía la casa no resultaba incómodo.
Era un silencio de calma.
De esos que solo llegan cuando las tormentas comienzan a quedar atrás.
Adrián despertó antes del amanecer.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo de la habitación.
La habitación.
Su habitación.
La que había compartido con Miranda durante tantos años.
Ahora cada rincón despertaba un recuerd