La sala de interrogatorios permanecía en un silencio absoluto.
Sara estaba sentada frente al fiscal y a dos agentes de investigación.
Sobre la mesa descansaban varias carpetas.
Fotografías.
Estados de cuenta.
Mensajes recuperados.
Y la declaración firmada por Mauricio Cárdenas.
El fiscal abrió el expediente lentamente.
—Señora Sara, antes de comenzar, quiero informarle que tiene derecho a guardar silencio y a contar con la asistencia de un abogado.
Ella asintió sin levantar la vista.
Su aspecto