Los meses siguientes fueron una mezcla perfecta entre felicidad, nervios y nuevos sueños.
La noticia del embarazo había cambiado por completo la dinámica de la familia Belmonte.
Adrián, quien durante años había sido conocido por su carácter serio y distante en los negocios, ahora era el hombre que llegaba temprano a casa, revisaba libros sobre maternidad y preguntaba constantemente si Miranda necesitaba algo.
Demasiado constantemente.
—Adrián, estoy embarazada, no enferma —dijo Miranda una maña