El sonido del teléfono despertó a Adrián antes de que el sol terminara de salir. Abrió los ojos lentamente, con el ceño fruncido, aún rodeado del caos que había dejado la noche anterior. Botellas vacías, carpetas abiertas, informes esparcidos sobre el escritorio. No recordaba en qué momento se había quedado dormido.
Contestó con voz ronca:
—¿Qué tienes?
Al otro lado, la voz de su jefe de seguridad sonó tensa.
—Señor… encontramos registros. La señora Miranda cruzó la frontera varias semanas. Hay