Dos años después
La luz dorada de la Toscana bañaba los viñedos que se extendían frente a la villa. Savanna caminaba descalza por el sendero de piedra, con una mano sobre su vientre ya redondo. Ian iba a su lado, con Ivanna subida a sus hombros.
La niña reía mientras tiraba de las orejas de su padre.
—Todavía no puedo creer que esto sea nuestro —dijo Savanna, mirando las hileras de vides—. Hace dos años pensábamos que lo habíamos perdido todo.
Ian sonrió y le tomó la mano.
—Ahora lo estamos re