C184- SE RESPIRÓ FELICIDAD
Al día siguiente, Jodie cruzó el pasillo de la prisión con pasos firmes, aunque el estómago se le revolvía.
Se sentó frente al cristal grueso.
Elias ya estaba ahí, con el uniforme naranja y apenas la vio, sus ojos se humedecieron.
—No esperaba que vinieras.
Jodie tomó el teléfono.
—No vine por ti, vine por mí.
Elias asintió, tragando saliva.
—Lo entiendo.
Jodie apretó el teléfono con más fuerza y se mojó los labios antes de continuar.
—Quiero que sepas que no te perdo