Dayana llegó a casa y sin demora, sacó el cuaderno que tenía, tomó su móvil y digitó los números que tenía de Thiago, esperó a ser contestada la llamada y mientras lo hacía rezaba para que este, no hubiese cambiado de número.
Segundos después, la llamada fue cancelada, intentó llamar una y otra vez, pero sucedía lo mismo.
Dayana no sabía ni por dónde buscar, así que, sin pensarlo dos veces, digitó el número que jamás pensó volver a llamar.
- ¡Dayana, mi cielo! -escuchó Dayana, la voz de su pa