Thiago miró a la mujer que tenía frente a él, era evidente que estaba librando una batalla interna al igual que él.
Para Thiago no era secreto que ella lo odiaba con todas sus fuerzas y no podía culparla, él, muy, muy en el fondo, sabía el motivo de aquel gran odio, él había sembrado esa semilla y ahí estaba germinando delante de él; sin embargo, sé sabía que no tenía el coraje para admitirlo, por lo que con arrogancia dijo:
- Dayana, me estoy cansado de esperar, recoge tus malditas casas y la