Theo no era el único que deseaba que Cedeño saliera de su vida y la de Anya. Por cómo veía las cosas, había otras personas que preferían que Cedeño, simplemente, dejase este mundo.
A casi 15 minutos de llegar a donde se suponía estaba Luis Fernando Cedeño, se pudieron escuchar algunas detonaciones, lo que les indicó que habían llegado, pues nadie dispararía por nada.
- ¡Howard, detrás de mí! Tu mano en el seguro del arma, no vayas a cometer una estupidez. -dijo Plutarco con seriedad, mientras ob