El día que Julia había imaginado tantas veces finalmente llegó. Una mañana clara, con el cielo pintado de un azul intenso y el sol acariciando suavemente cada hoja, el aroma familiar del río parecía anticipar la llegada de Sebastián. Julia estaba en el porche de la posada, con el corazón latiendo a mil por hora y una mezcla de nervios y alegría que le hacía sonreír sin poder contenerse. Cada instante que pasaba, cada paso que se escuchaba en el camino, aumentaba su emoción.
El sonido de un moto