Un día le faltaba a Max para que terminara su "descanso". Tras lo ocurrido con Iván Reyes, le habían dado unos días para que se relajara y así evitar que se levantara el polvo. La historia que él y el jefe habían contado era simple y nadie podría contradecirla: luego de que Reyes los contactara, lo habían convencido de entregarse. Max lo acompañaría. Así quedaban limpios de la infamia del prófugo que pasó sus últimos minutos de agonía en el jardín.
Leyó una vez más el informe que había consegui