Max se bebió su café deseando que fuera un Vodka bien fuerte, que se sintiera como un electrochoque en medio de sus aturdidos sesos. Sara le había relatado con lujo de detalles su plan de liberación y el inesperado desenlace, confiando en su hermética discreción.
—No creas que te juzgo, Rojas, pero luces bastante bien para prácticamente haber visto morir al que fue tu novio por tres años.
—Me duele lo que le ocurrió, pero fue el camino que Jay eligió. Yo intenté salvarlo a pesar de todo.
—Fue