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Capitulo 6: La Brecha del Fantasma y el Costo del Arte

Matteo, en el búnker de contrainteligencia de la Villa Vieri, monitoreaba el "teléfono fantasma" de Valentina cuando notó la anomalía. El clon de rastreo seguía enviando coordenadas falsas, tal como Matteo lo había programado. Sin embargo, Alessandro recibió un mensaje cifrado en su comunicador privado: una imagen borrosa de Valentina tomando un café, tomada apenas diez minutos antes, con una única palabra en ruso: «inadeguatezza» (Inadecuación).

Matteo comprendió de inmediato: Gabriel no solo había detectado el teléfono fantasma, sino que lo había usado para alimentarles información basura, mientras instalaba un rastreador físico más sofisticado y sutil en Valentina.

—El estúpido italiano... —murmuró Matteo, la frialdad implacable de su abuelo Marco Vieri asomando en sus ojos—. Usó mi orgullo como distracción.

Alessandro, furioso, se dirigió a la sala de arte. —¡Matteo, encuentra ese rastreador y bórralo! ¡Ahora!

—No es tan simple —dijo Matteo, con una frustración que rara vez mostraba—. Es un rastreador activo-pasivo. Necesito que se quede quieta y se aísle.

La derrota tecnológica era un golpe directo al corazón de la defensa Vieri. Gabriel no solo había violado el perímetro; había ridiculizado al mejor analista de la familia.

El Golpe a la Autonomía

Gabriel elevó el juego de manera pública y brutal. Esa misma tarde, Valentina recibió una llamada de su artista principal para la exposición Arte Caótico.

—Valentina, lo siento, no puedo exponer la pieza central —dijo el artista, con voz temblorosa—. Mi taller... todo el financiamiento ha sido congelado. No sé cómo, pero mis bancos están siendo auditados. Todo lo que tengo es ahora intocable_

El pánico se apoderó de Valentina. La pieza central, la más vendible, era la columna vertebral de su exposición. Gabriel no había atacado a la familia con balas, sino con la economía, cortando la respiración de su autonomía.

Minutos después, el teléfono rastreado que Gabriel le había dado vibró. Un único mensaje de texto: «Es la obra. No el artista. La Fractura es indispensable. Un obstáculo, no la solución.»

Valentina apretó el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Él no solo la controlaba a ella; controlaba su galería, su pasión, su sueño.

La Demanda Simbólica de Fractura

La siguiente reunión de Valentina con Gabriel no fue en una galería, sino en su ático en el Quadrilatero della Moda, un espacio de cristal y acero que gritaba Orden.

—La obra de su artista no tenía la resonancia necesaria, Signorina Vieri —dijo Gabriel, con su voz baja y pulcra, vertiendo un costoso vino blanco—. La debilidad se elimina.

—Usted arruinó la vida de mi artista —replicó Valentina, su caos interno luchando por no explotar.

—Yo protegí mi inversión. Mi inversión exige Fractura.

Gabriel se acercó a un caballete, donde reposaba una réplica de su pieza "El Guardián"—una escultura geométrica de titanio, perfectamente equilibrada y fría.

—El Guardián es control, poder absoluto. Para contrarrestarlo, necesito una Fractura digna. Una obra que demuestre que el caos no es solo destrucción, sino un camino hacia un nuevo orden. Dígame: ¿Qué significa la Fractura para usted, Valentina?

Valentina sabía que esto no era una discusión de arte. Era un desafío. La "Fractura" que él buscaba era la que él planeaba causar en la familia Vieri.

—La Fractura... es el momento en que el miedo se rompe y se acepta la verdad —dijo Valentina, sosteniendo su mirada.

—Interesante —murmuró Gabriel, una sombra de satisfacción en sus ojos—. Encuéntrela. Y yo le devolveré su galería. Ese es el verdadero precio del control.

La Promesa Fría de Matteo

Valentina regresó a la Villa en estado de shock. Encontró a Matteo en la sala de guerra, con el rostro serio.

—El rastreador está en su reloj, dentro del mecanismo. Es tecnología militar italiana. Es casi imposible de anular sin destruirlo —informó Matteo.

—Entonces no podemos quitarlo —dijo Valentina.

—No —dijo Matteo, mirando a su hermana con una frialdad que la asustó—. Pero podemos usarlo. Si Gabriel te ve como una inversión valiosa, él no te dañará físicamente. Su juego es mental.

Valentina se sentó junto a él. —Arruinó mi exposición. Me quitó el control.

Matteo, el hermano menor que siempre criticaba su impulsividad, ahora hablaba con la autoridad de un Capo de la vieja guardia.

—Él piensa que la Cosa Norte somos Alessandro y Demian. Pero no. Nosotros somos la infraestructura. Yo voy a reconstruir tu galería. Voy a proteger tus intereses mientras tú juegas su juego de arte.

Matteo la miró a los ojos, su dedicación era absoluta, sin la posesividad celosa de Alessandro. —Pero si él cruza la línea, si te causa un dolor que no podemos monetizar o reparar... te prometo que no se lo llevarán vivo. Lo cortaré en pedazos tan pequeños que no podrán identificarlo.

El mensaje de Gabriel había sido claro: él iba por delante. La respuesta de Matteo Vieri era aún más clara: el juego acababa de volverse mortal, y Valentina era el peón más caro.

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