¡Dios! Todo se había salido de control. Ayudé a Isabella y terminé en un problema más grande. No sabía de dónde habían sacado las fotos, si él me hacía seguir o qué estaba pasando.
Lo peor, o lo mejor, no sé, era que teníamos una química increíble en todo. En casi todo. Lo sentía en el pecho, lo presentía antes de verlo. En la piel, en el cuerpo, en el alma.
Era enfermizo. Y perfecto.
Y no solo eso, sino que con Isabella las cosas mejoraban de a poco. Al menos ya no me demostraba que me odiaba t