«La madre de Isabella».
Las palabras salieron solas. No para herirla a ella. Para reventarme a mí mismo.
Vi a Victoria a mi lado, sus ojos habían sido un puto infierno hace unos segundos. Ahora se abrían, desorbitados. Horror. Confusión. La mezcla que yo conocía bien.
Mierda.
La había arrastrado como a una bolsa de basura, le había gritado como un cabrón. Y ahora le arrojaba mi pasado. Mi mierda. Como si fuera un chiste.
Las manos me temblaban en el volante. Era raro, no me temblaba nada nunca.