¡Criiic...!
Los gemidos entrecortados de Melanie resonaron en el pasillo cuando la puerta se abrió de par en par. La pareja no aflojó ni un segundo cuando Drago entró desnudo a la habitación. Thomas seguía moviéndose con un ritmo implacable que le tensaba todo.
—Dios... hacen tanto ruido que no me dejan dormir. ¿Les molesta si me uno? —dijo, con voz dormilona.
Sin esperar respuesta, Drago metió la mano entre las piernas de Melanie y empezó a estimularla sin tregua por delante, mientras Thomas se