Paulina
Estaba mirando a los niños cuando me entró la llamada.
El sol entraba por la ventana, dibujando líneas doradas sobre el piso. Afuera parecía un día cálido, sereno... como si el mundo insistiera en fingir normalidad.
Observaba a los niños. Los veía reír, jugar, perderse en su inocencia. Felices.
Ignorantes.
Ajenos a todo lo que pasaba más allá de estas paredes, su mundo era seguro.
Intacto.
El mío, en cambio, estaba hecho trizas.
Mi celular comenzó a sonar, ni siquiera miré la pantalla