Paulina
Nos quedamos en silencio, observándola a través del vidrio grueso de la puerta.
Rocío estaba en la camilla, encadenada de pies y manos. Parecía dormida, pero podía ver que cada tanto se movía. Como si sintiera nuestra mirada.
—¿Qué quieres hacer con ella? —pregunté en voz baja.
No podía apartar mis ojos de la mujer que se parecía tanto a mi amiga.
—Todavía no quiero que muera —dijo sin vacilar—. Sé que nos puede dar información sobre el paradero de Max y la bruja loca de Lucile.
Lucas