Paulina
Lo vi alejarse sin mirar atrás.
Cada paso que daba Max era una confirmación de que mi plan seguía su curso. Él se alejaba. Me dejaba el camino libre. Ya no era un obstáculo emocional. Ya no era la herida abierta.
Entonces, ¿por qué dolía tanto?
Me llevé una mano al pecho, justo donde ardía el hueco que él dejaba. Esto era lo que había querido. Lo que necesitaba. Que él soltara la cuerda. Que me dejara avanzar sola, sin ese amor que me debilitaba. Y aún así... la punzada fue real. Cruel.