Max
No podía mentirme: no quería alejarme de ella.
Así que moví todo.
Había trasladado toda la empresa a esta casa apenas un día después de rescatarla.
No fue una decisión fría. No fue un movimiento estratégico.
Fue necesidad.
Necesitaba estar cerca de Paulina.
Saber que estaba a unos metros de mí, poder intervenir si alguien intentaba tocarla.
No iba a correr riesgos.
Así que había acondicionado la vieja ala norte de la mansión, la que daba hacia el frente de la propiedad, para instalar allí