Paulina
Pasaron meses desde aquella primera clase de entrenamiento.
Cada día me sentía más fuerte. No era una profesional en esto, me faltaba muchísimo para llegar a ser decente en las técnicas que él me enseñaba.
Pero estaba mejorando.
No solo en el cuerpo, aunque podía levantar más peso o aguantar más tiempo y esquivar mejor los movimientos de Max, sino también por dentro. Como si algo dormido en mí empezara a desperezarse.
El dolor en los músculos, los raspones en las palmas… todo eso dejó