Max
Llegamos al lugar pocos minutos después de que Benjamín nos confirmara el último punto registrado del rastreador de Paulina.
Una maldita fábrica abandonada en medio de la nada. Que más se podía esperar del hijo de puta de Pierre.
El aire olía a óxido, polvo y trampa. Esa clase de sitios donde todo puede salir mal, pero donde uno igual entra... si tiene algo que perder.
O que recuperar.
—¿Estás seguro? —preguntó Lucas mientras bajábamos de la camioneta en movimiento.
—Ella activó el rastrea