Yina
No fue nada fácil dejar a Paulina y Sofía atrás.
Todo en mí gritaba que me quedara. Que no las soltara. Que volviera por ellas.
Pero la prioridad era clara.
Salvar a los niños.
Corrí como una loca detrás del tipo que los arrastraba por el pasillo como si fueran sacos sin valor. Mis pasos retumbaban sobre el suelo sucio y agrietado, y cada metro que ganaba, el corazón me latía más fuerte.
Al verme demasiado cerca, el desgraciado se giró, soltó un insulto y arrojó el cuerpo de Max a un lad