Paulina
El cuarto estaba en silencio. Se sentía la calma dorada que solo llega con el amanecer.
La respiración pausada de mis hijos era el único sonido que se escuchaba.
Iris se había quedado dormida a mi lado. Max Jr. abrazado a su padre como si temiera perderlo otra vez. Y Magda boca arriba, con las piernas por fuera de la sábana.
Estaba despierta desde hacía un rato. No por incomodidad, sino porque… simplemente no quería cerrar los ojos.
Era demasiado perfecto, real y emocionante.
No podía