Rocío
El sudor me corría por la espalda, el corazón me golpeaba el pecho como si quisiera salirse, y los gritos...
Dios, los gritos seguían ahí.
No afuera. Adentro. En mi cabeza. En mi garganta.
Volví a tener esa pesadilla.
La noche en que todo cambió. La noche en que mi vida dejó de ser la de una put∆ barata para convertirse en una imitación patética de mi dulce y querida hermana
Era un burdel elegante, o eso decían. Pero un prostíbulo al fin, como los muchos en los que había estado.
Cada s