Max
Caminé por el pasillo con Max a mi lado, su pequeña mano aferrada a mis dedos.
Llegamos a su habitación, que Sofía ya había acondicionado para él. Astronautas, planetas, estrellas. Era como estar en el espacio.
Él no dijo mucho, pero en su silencio ya no había hostilidad. Solo un poco de curiosidad… y, quizás, algo parecido a aceptación.
—¡Me encanta! —dijo con la voz bajita, emocionado pero tímido—. ¿Puedo pedirte algo?
—Claro, mi principe. Lo que quieras.
—¿Me enseñas a usar esa cosa que