ALEX GARCÍA
Después de lo ocurrido en la escuela no pude sacarme de la cabeza a Santiago y la manera en la que me veía. Cada vez que estábamos tan cerca era como si el aire se volviera más denso, como si a mi corazón le costara latir y se desesperara.
—¿Hermana, todo bien? —me preguntó la madre superiora arqueando una ceja.
—Sí, todo bien —respondí con una sonrisa de esas que cuestan mantenerlas.
—Interesante, entonces… ¿podría cargar al niño de manera correcta y alimentarlo? —preguntó torcie