JULIA RODRÍGUEZ
Después de lo ocurrido con Lily, Mateo durmió con nosotros, con sus manitas aferradas a Santiago como si temiera que en cualquier momento fuera a desaparecer de su vida. Aunque logramos consolarlo y decirle que él siempre sería su padre, no fue suficiente, ya no. La verdad comenzaba a abrirse paso en su pecho.
Me levanté de madrugada, sintiendo que el peso en mi pecho no me dejaba respirar. Avancé hacia mi cueva, ese lugar que durante cinco años se había convertido en mi refugi