JULIA RODRÍGUEZ
Respiré profundamente y recordé todas esas clases de disparo. Cada vez que tuve que arrastrarme por el piso mientras los hombres de Santiago me perseguían como si fuera su objetivo, cuántas veces lloré del coraje, del miedo, de la impotencia, porque no era fuerte, no sabía pelear.
«Lo que importa, gorda, es la inteligencia y el buen tino. Créeme, de nada sirve que seas cinta negra en todas las artes marciales del mundo cuando un tipo con un M16 te apunta», había dicho Santiago u