SANTIAGO CASTAÑEDA
Lo que vi al abrir la puerta fue difícil de digerir. Mi padre estaba sobre su cama, con mi madre en su regazo, la abrazaba con fuerza, acariciaba su cabello y su mirada enrojecida, inyectada de dolor, permanecía perdida en la profundidad de la habitación.
—Siempre creí que eras cruel con ella… pero jamás me imaginé que serías tú quien la mataría —susurré con el pecho lleno de rabia. Quería sacar mi arma y dispararle, aunque eso significaba que todos sus hombres se me lanzarí