ALEX GARCÍA
Cuando di el primer paso hacia ellas, me detuve en seco. Sus sonrisas se congelaron, a la espera de saber qué ocurría, mientras yo apretaba los dientes con todas mis fuerzas y mi boca se torcía en una mueca. Posé mis dedos sobre mis labios cuando la saliva comenzó a llenar mi boca. Levanté la cabeza y comencé a respirar profundamente. Tenía náuseas.
—¿Todo bien, Alex? —preguntó la madre superiora detrás de mí.
—Sí, todo… perfecto —contesté forzando una sonrisa mientras perdía el c