ALEX GARCÍA
No importó que todas las monjas a mi alrededor me dedicaran miradas cargadas de sorpresa mezclada con lástima, ni siquiera que algunas cubrieran sus oídos, yo estaba en medio del patio llorando a moco tendido, quedándome sin aire, pero sin dejar de sollozar.
La madre superiora se acercó con el mismo gesto que las demás y se plantó frente a mí. Entonces intenté controlarme, haciendo respiraciones como si fuera a parir, inhalando y exhalando hasta que mis mejillas se inflaban.
—Alex