JULIA RODRÍGUEZ
De pie a mi lado había un hombre alto, con una gabardina de piel negra que se sostenía de sus hombros, un traje impecable, una camisa fina y sin corbata. Actitud serena, incluso divertida, pero sus ojos guardaban un fuego motivado por la rabia, mientras que la tensión en sus mandíbulas advertía que no estaba de buen humor.
—Pinches gringos… Se creen muy malos hasta que llega alguien peor que ellos —dijo con media sonrisa antes de arrebatarle el palo de la mano y arrojarlo, haci