Danger high voltage

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Resumen
Índice

La Danger high voltage es una banda delictiva con dos identidades, la primera es esa que muestran ante todos, la de millonarios mafiosos que viven bien gracias al negocio de la cocaína; y la otra, es la prohibida, esa que se encarga de hacer justicia por su propia mano, asesinando a los peores criminales del mundo. Una misión se presentará para la DHV, una donde correrán sangre y lágrimas, y pasará muchísimo tiempo mientras intentan cumplirla.

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35 chapters
I
Natasha.Camino a paso lento con los ojos cubiertos por una tela blanca, sus sedosas manos me recorren desde atrás el cuello hasta la cintura sobre la fina tela de mi vestido.—No sabes cuanto te extrañé— me susurra al oído.Aún con la vista bloqueada, me doy vuelta y busco el cierre de su pantalón con desespero.—No hay afán— aparta mi mano con delicadeza—. La diversión apenas comienza.Arranca mi vestido, dejandome con una simple prenda de hilo blanco, mis pezones erectos quedan al aire y mi respiración se agita. El calor se intensifica por la cercanía de nuestros cuerpos y la falta de ventilación. Ignacio asciende un camino de besos desde mi ombligo hasta mi cuello.Quita la venda y parpadeo un par de veces para ver con claridad, la habitación está oscura y lo unico que permite ver los alrededores es lo amarillento de las llamas de los velones. Se tira sobre
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II
Natasha.Enciendo un puro y me acuesto en la cama mientras observo como el humo se disipa en el aire, acaricio la joya que adorna mi pecho y casi ni quepo de la dicha.—Tu madre está aquí— avisa Catalina, entrando al cuarto, cruzada de brazos.Me levanto y salgo al pasillo.—¿Julieta ya se fue?— le pregunto.Ella me confirma y termino de bajar a la sala, la mujer de treinta y siete años se levanta de mi sofá de piel de serpiente apenas me ve.—El tabaco da cáncer— me dice—. Y ya no estás pequeña para andar desnuda por todas partes.Suelto una risa irónica, camino hasta el sofá individual y cruzo las piernas, le doy como dos caladas más al tabaco y lo hundo en el cenicero de la mesa de cristal.—Uno— le muestro el dedo índice— si eres puta, teneis más posibilidades de contraer una ETS, que ser fumadora y llegar a tener cáncer—
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III
Julieta.Nos encontramos en la sala de interrogatorios, la cual usamos también para reuniones ya que solo somos cuatro, diría que cinco, pero Júpiter no se mete de lleno en las misiones.Es una pequeña sala con un archivero situado en una de las esquinas, un estante con cosas para torturar y una lámpara halógena colgando del techo, iluminando perfectamente el centro de la mesa, toda la habitación es simplemente gris.Graham está frente a mí, construyendo líneas de cocaína con un pedazo de papel, Catalina a mi derecha y la patrona a mi izquierda.Los cuatro conformamos como tal a la DHV, un grupo que los cuerpos policíacos ven como una amenaza, pero en realidad solo les facilitamos el trabajo.La justicia solo se encarga de dar una sentencia a los criminales que mayormente son varios a
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IV
Al día siguiente.Graham.Júpiter vuelve a ceciorarse de que los micrófonos funcionen y nos da el visto bueno. Julieta y yo nos vamos en uno de los jets mientras que Catalina llegará en su camioneta cuando le avisemos.Comenzamos a despegar, teniendo completamente en claro lo que hay que hacer. Luego de asegurarnos de que mis sospechas fueran ciertas, le hablamos a Júpiter, quien dio la órden de capturar a la mujer hoy mismo. Según la investigación de Julieta, hoy la mujer irá Los Robles.Sospecho que tiene que ver con Anthoaneth y su red de mandaderos que hacen el trabajo de raptar a los infantes para ella concluír sus fines comerciales e impropios, pero Catalina piensa que es algo más, algo completamente distinto.Son pocos minutos los que tardamos en el aire, Julieta aterriza el jet en el estacionamiento que ocupamos del
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V
Catalina.Aparco la merú unas cuadras antes del callejón. Tengo los pelos de punta porque realmente no sé a qué me estoy enfrentando. No tengo armas, ni manera de pedir refuerzos, solo somos las pacas de dólares que traigo en el bolsillo y yo.Júpiter me colocó una cámara que diseñó con forma de lente de contacto, que le permitirá ver lo mismo que yo. Tengo un GPS escondido en el nacimiento del cabello y ya, los dos aparaticos no son muy útiles que digamos.Apago el motor, me guardo las llaves en el bolsillo del pantalón de lana y comienzo a caminar, recordándome mantener la mente abierta porque no sé con qué cosas podría encontrarme.El aire es fresco, apenas son las siete de la noche, pero las calles están solitarias. Las luces naranjas de los faroles son la poca iluminación con que cuenta la calle.El cielo azul marino está repleto solo de nubes, es
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VI
Horas antes.Natasha.Le hago un lazo a las tiras de mi vestido blanco y me ato el cabello en una cebolla, acostumbro a vestir del color de la paz y la pureza cuando espero recibir buenas noticias y así; confundir a Dios con que soy una buena samaritana y no una princesa del averno.Le coloco la clave a la caja fuerte que tengo oculta detrás del cuadro de El Grito de Van gogh.Acuno entre mis manos la reliquia descendiente de mi familia materna, pienso en toda la sangre que he tenido que lavar de mis manos para recuperarla y no me pesa, porque es algo que me pertenece.Se ha vuelto un hábito sacarla de vez en cuando para verla, actúo como si fuera a llenarse de polvo y telas de araña si no es contemplada con frecuencia. Cada vez que paso las yemas de mis dedos por su cadena siento que cometo un acto impetuoso... La vuelvo a guardar en
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VII
Natasha.Belial me toma la mano, ayudándome a subir los escalones del jet. Entro y me acomodo el vestido de satén color azul marino antes de sentarme, me sirvo un vaso de gaseosa antes de que Julieta comience a elevarnos por los aires.En esta misión trabajaremos todos, incluso Júpiter viajará con nosotros, pero obvio sin exponerse.Catalina está sentada a la derecha unos metros detrás de mí con los audífonos puestos. Belial anda de copiloto y el moreno se sienta frente a mí.Toma mi mano libre, acariciándole el dorso. Bebo un sorbo de la gaseosa y fijo mi vista en la pequeña ventana, viendo como nos paseamos entre las nubes.—Tienes que hacerlo— habla serio—. Imagina... Solo imagina a Amelia de pequeña siendo sometida a un calvario como ese donde su destino estaría más que marcado. Habrías hecho cualquier cosa por sacarla de ahí.—¿Quién te dice que no
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VIII
Julieta.Le ayudo a Júpiter a colocar la cámara en el cabello de Catalina antes de que se vaya. Subo a mi habitación, reemplazo mi pijama verde por unos shorts de jean y una camiseta gris de tirantes, sin sostén, cosa que en realidad no necesito por mis limones.—Ya despertó— avisa Júpiter y nos dirijimos a la sala de interrogatorios.—¿Como te llamas?— le pregunto para asegurarme de que el golpe no haya dañado su estado mental.—Dorotea Kassabji— contesta con una mueca de dolor.La verdad no entiendo en por qué de la infidelidad del italiano. Dorotea es de cabello corto con flequillo, baja y algo gorda. En cambio su esposa es de cabello pelirrojo hondulado, alta y con las medidas perfectas. Pero ahora entiendo ese dicho de que los hombres son como los perros, por más que les des la mejor carne; irán a revisar a la basura.—¿Recuerdas co
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IX
Santorini, Grecia.5:57 am.Logan.Observo el oscuro cielo que se cierne sobre el mundo que se va esclareciendo con el pasar de los segundos. Caliento mis manos con la taza de café humeante que yace entre ellas.Pienso en Natasha, estos últimos días la he echado de menos debido a su repentina llamada... Después de tanto.Soplo el humo y observo la delgada capa de hielo que reposa sobre la piscina, debido a la tormente de ayer. El invierno está llegando, pero no tan fuerte como para bloquear las calles y comenzar a patinar al aire libre. La llamada ronda por mi memoria cada que más nada lo hace, su voz suave y firme, su creencia de que se está comiendo el mundo cuando en realidad el mundo se la come a ella.Timoteo, mi primo y mano derecha sale a hablar por teléfono y le hago una seña, preguntando si ha llamado, a lo
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X
NatashaFinalizo la llamada y busco ropa al azar en mi armario.—¡Julieta!— llamo.La susodicha llega de una vez.—Mande.—En media hora volamos a Cali, prepara lo necesario.Se va sin rechistar. Me decido por un vestido aterciopelado blanco ceñido que me llega un poco más arriba de las rodillas. Escojo una cartera del mismo color, Gucci.Me coloco lentes Rayban y me subo a los tacones de nueve centímetros. Tengo hasta las bragas blancas, voy vestida del color de la pureza, cosa de la que carezco.Dejo que el cabello largo me caiga por la espalda como si de una cascada se tratase.Voy hacia la cama, meto mi baby-glok en la cartera junto con unos veinte fajos de dólares, un paquete de coca, y unas navajas que nunca están demás.—Dorotea se niega a cooperar— recon
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