El día de la boda religiosa amaneció despejado, con un cielo azul intenso que Elena interpretó, quizás ingenuamente, como un buen augurio después de las semanas tan turbulentas que habían precedido a aquella fecha. La ceremonia se celebraría en los jardines de la mansión principal de los Moretti, los mismos jardines donde, apenas dos meses atrás, había presenciado el desastre de la boda fallida entre Bruno y Camila. —¿Estás nerviosa? —preguntó Marisol, su asistente, mientras ajustaba los últimos detalles del vestido de novia, un diseño elegante de encaje blanco que Elena había elegido precisamente por su sencillez, alejada de cualquier ostentación excesiva. —Un poco —admitió Elena, observando su reflejo en el espejo con una mezcla de emociones difíciles de nombrar —Es extraño, Marisol. Hace dos meses estuve en estos mismos jardines viviendo la peor humillación de mi vida, y ahora estoy a punto de casarme aquí mismo. —La vida da giros extraños —comentó Marisol, con una sonrisa compr
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