Las tres semanas habían pasado como una tormenta silenciosa. Elena no había llorado más, o al menos no delante de nadie, y había ocupado cada noche en decidir qué haría con la información que guardaba en su vientre y en su memoria. Cuando llegó el día de la boda, no dudó ni un segundo, se subió a un taxi, vestida de un rojo intenso que contrastaba con todo el blanco y el dorado que sin duda inundaría la finca Moretti, y pidió al conductor que la llevara hasta allí.—Está segura, señorita? —preguntó el hombre, mirándola por el retrovisor —Esta dirección es la finca de los Moretti. Hoy hay una boda muy importante, no sé si...—Estoy segura —cortó Elena, con una firmeza que ni ella misma reconocía en su propia voz — Lléveme, por favor.La finca era exactamente como Bruno se la había descrito en tantas noches de confidencias, jardines interminables, una capilla de piedra blanca rodeada de rosales, y cientos de invitados vestidos con una elegancia que hacía parecer diminuto cualquier vesti
Ler mais