Capítulo 12: La futura esposa

Los días posteriores a la cena familiar transcurrieron con una calma relativa que Elena, en el fondo, sabía que no podría durar demasiado. Con la ceremonia civil ya celebrada como formalidad legal, Dante había insistido en organizar una boda religiosa más elaborada, un mes después, ante los ojos de la sociedad y de los socios de la empresa, para consolidar definitivamente la imagen del matrimonio ante el público.

—No necesito una boda tan grande, Dante —había protestado Elena, mientras revisaban juntos el catálogo de posibles locaciones que la organizadora de eventos les había enviado — Con la ceremonia civil ya fue suficiente para mí.

—Lo entiendo, pero no se trata solo de nosotros —había explicado Dante, con esa lógica pragmática tan característica de él —Cuanto más pública y convincente sea esta boda, menos espacio quedará para que la prensa o mi propia familia sigan cuestionando la legitimidad de nuestro matrimonio.

Elena había aceptado, resignada, comenzando entonces las pruebas de vestido, las reuniones con floristas, y las incontables decisiones protocolarias que jamás había imaginado tener que enfrentar en su vida. Fue precisamente durante una de esas pruebas de vestido, en un exclusivo atelier del centro de la ciudad, cuando notó por primera vez algo extraño, un hombre con una cámara, apostado discretamente al otro lado de la calle, apuntando directamente hacia la vitrina del establecimiento.

—Dante, creo que alguien nos está fotografiando —murmuró Elena, alertando a su esposo con un ligero apretón en el brazo.

Dante siguió su mirada hacia la calle, y su expresión se endureció de inmediato al confirmar sus sospechas.

—Paparazzi —masculló, con evidente disgusto — Ya me temía que esto sucedería tarde o temprano. Vámonos por la puerta trasera, Elena. No permitiré que publiquen fotografías tuyas probándote un vestido de novia antes de que estemos preparados para manejar la narrativa pública correctamente.

Pero ya era demasiado tarde. A la mañana siguiente, Elena despertó con el teléfono vibrando incesantemente con mensajes de números desconocidos, notificaciones de redes sociales, y una llamada urgente de la asistente personal de Dante.

—Señora Moretti, lamento informarle que ha salido una publicación esta mañana en uno de los portales de espectáculos más importantes del país —dijo la asistente, con voz visiblemente nerviosa —El titular dice "El escándalo de los Moretti, la amante embarazada que ahora será la nueva señora de la familia".

Elena sintió que el estómago se le encogía mientras abría rápidamente su teléfono para buscar la noticia por sí misma. Encontró, con horror creciente, un artículo extenso que detallaba con precisión inquietante toda la historia: su relación secreta con Bruno, la boda fallida con Camila, el escándalo público en la finca, y ahora su próximo matrimonio con Dante, acompañado de una fotografía suya tomada el día anterior en el atelier, con expresión preocupada mientras se probaba el vestido.

—¿Cómo consiguieron tanta información? —preguntó Elena, bajando corriendo hacia el despacho de Dante, encontrándolo ya leyendo la misma noticia en su computadora con expresión sombría.

—Alguien filtró información muy detallada, Elena —respondió Dante, sin apartar la vista de la pantalla —Detalles que solo pudo conocer alguien muy cercano a nosotros. La fecha exacta de tu primera visita a la clínica, los términos casi literales de la conversación que tuviste con Bruno el día de la boda... esto no es especulación periodística común, esto es información privilegiada.

—¿Crees que fue Bruno? —preguntó Elena, sintiendo que la ansiedad le apretaba el pecho.

—No lo descarto —admitió Dante —pero también podría ser cualquier otra persona con acceso a los detalles íntimos de nuestra situación. Sofía, algún empleado de la clínica, incluso alguien dentro de mi propia familia que quiera sabotear este matrimonio antes de que se consolide completamente.

Durante los días siguientes, el escándalo se propagó con una velocidad que Elena jamás hubiera imaginado posible. Su rostro apareció en portadas de revistas de espectáculos, programas de entretenimiento discutían abiertamente los detalles más íntimos de su historia, y las redes sociales se llenaron de comentarios crueles que la calificaban de cazafortunas, de mujer sin escrúpulos, de manipuladora que había sabido aprovecharse primero del sobrino y después del tío para asegurar su futuro económico.

—No puedo salir a la calle sin que alguien me reconozca —confesó Elena una noche, sentada en la cama de su habitación, con los ojos hinchados de tanto llorar en silencio —Dante, la gente me odia sin siquiera conocerme. Dicen cosas horribles sobre mí, sobre mi bebé, insinúan que ni siquiera es realmente de Bruno, que probablemente inventé todo este embarazo para atraparte a ti.

Dante entró en la habitación, sentándose junto a ella con una expresión que combinaba preocupación genuina y una furia contenida que Elena reconocía como reservada exclusivamente para los momentos en que sentía que alguien la había agraviado injustamente.

—Elena, escúchame bien —dijo, tomando sus manos entre las suyas con una delicadeza que contrastaba enormemente con la dureza que solía mostrar en público —La gente que escribe esas cosas no te conoce en absoluto. No saben lo que realmente viviste, ni la fortaleza que has demostrado durante todo este proceso. Vamos a manejar esto de la manera correcta, te lo prometo.

—¿Cómo? —preguntó Elena, con la voz quebrada—. Dante, esto ya se salió completamente de control.

—Voy a convocar una rueda de prensa —anunció él, con la determinación de quien ya ha tomado una decisión firme —No pienso permitir que sigan construyendo una narrativa falsa sobre ti sin que nosotros tengamos la oportunidad de contar la verdad completa. Tú decidirás cuánto quieres compartir, Elena, pero no vamos a permanecer en silencio mientras te destruyen la reputación con mentiras y medias verdades.

Elena lo miró fijamente, sintiendo una mezcla de gratitud y de un miedo renovado ante la idea de enfrentar públicamente, con su propia voz, la tormenta mediática que se había desatado sobre su vida.

—¿Y si empeoro las cosas al hablar? —preguntó, insegura —¿Y si la gente decide no creerme de todos modos?

—Entonces al menos habrás hablado con la verdad, Elena —respondió Dante, apretando suavemente sus manos —Y eso, a la larga, siempre vale más que el silencio. Además, no estarás sola en esto. Yo estaré a tu lado en cada paso, como tu esposo, y como alguien que cree firmemente en tu inocencia.

Elena asintió lentamente, sintiendo que, en medio de aquella tormenta que amenazaba con arrasar con todo lo que había construido en las últimas semanas, al menos contaba con la certeza de que no enfrentaría sola la batalla que se avecinaba. Pero mientras se preparaba mentalmente para la rueda de prensa que Dante estaba a punto de convocar, no podía evitar preguntarse, con una inquietud que no lograba disipar del todo, quién exactamente había filtrado información tan íntima y detallada, y qué otros secretos podría revelar esa persona en el futuro si decidía continuar su ataque silencioso contra ella.

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