Capítulo 15: La boda

El día de la boda religiosa amaneció despejado, con un cielo azul intenso que Elena interpretó, quizás ingenuamente, como un buen augurio después de las semanas tan turbulentas que habían precedido a aquella fecha. La ceremonia se celebraría en los jardines de la mansión principal de los Moretti, los mismos jardines donde, apenas dos meses atrás, había presenciado el desastre de la boda fallida entre Bruno y Camila.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Marisol, su asistente, mientras ajustaba los últimos detalles del vestido de novia, un diseño elegante de encaje blanco que Elena había elegido precisamente por su sencillez, alejada de cualquier ostentación excesiva.

—Un poco —admitió Elena, observando su reflejo en el espejo con una mezcla de emociones difíciles de nombrar —Es extraño, Marisol. Hace dos meses estuve en estos mismos jardines viviendo la peor humillación de mi vida, y ahora estoy a punto de casarme aquí mismo.

—La vida da giros extraños —comentó Marisol, con una sonrisa comprensiva, colocando el velo con cuidado sobre el cabello recogido de Elena —Pero por lo que he visto estas últimas semanas, señora Moretti, creo que este giro en particular podría ser mejor de lo que usted misma se atreve a admitir.

Elena no respondió, aunque las palabras de Marisol se quedaron resonando en su mente mientras caminaba hacia la puerta de la habitación, donde ya la esperaba Alberto Moretti, quien se había ofrecido, para sorpresa de todos, a acompañarla hasta el altar en ausencia de un padre propio.

—¿Lista, Elena? —preguntó Alberto, ofreciéndole el brazo con una calidez genuina que había ido construyendo durante las últimas semanas, en parte como una forma silenciosa de disculparse por su complicidad inicial en el escándalo de su hijo.

—Lista —respondió Elena, tomando su brazo con una respiración profunda.

Al cruzar las puertas hacia el jardín, Elena sintió que el mundo entero se reducía momentáneamente al camino de pétalos blancos que se extendía ante ella, y al final de aquel camino, Dante, vestido con un traje oscuro impecable, observándola con una expresión que ella no le había visto nunca antes, una mezcla de asombro genuino y algo mucho más profundo, algo que hizo que el corazón de Elena latiera con una fuerza completamente distinta a la de los nervios habituales.

La ceremonia transcurrió con una solemnidad que Elena sintió extrañamente real, a pesar de saber perfectamente que aquel matrimonio había nacido de la necesidad y no del amor romántico tradicional. Cuando el sacerdote pronunció las palabras finales, y Dante se inclinó para sellar la ceremonia con un beso breve pero cargado de una ternura inesperada, Elena sintió que algo en su pecho se aflojaba, como si una parte de ella hubiera estado esperando, sin saberlo del todo, precisamente aquel momento.

Fue durante la recepción, mientras los invitados brindaban y la música comenzaba a llenar el ambiente festivo del jardín, cuando Elena notó una presencia que le heló la sangre, Bruno, vestido con un traje formal, de pie junto a la entrada del jardín, observando la celebración con una expresión indescifrable.

—Dante —murmuró Elena, apretando ligeramente el brazo de su esposo —Bruno está aquí.

Dante siguió la mirada de Elena, y su expresión se endureció de inmediato al confirmar la presencia de su sobrino entre los invitados.

—Quédate aquí —dijo, con una voz baja pero firme, antes de dirigirse directamente hacia donde Bruno permanecía de pie, observando la escena con una copa de champán que ni siquiera parecía haber tocado.

Elena observó, desde la distancia, cómo Dante se detenía frente a su sobrino, intercambiando palabras que ella no podía escuchar con claridad debido a la música y al bullicio de la celebración, pero que, por la tensión visible en el lenguaje corporal de ambos, sin duda no eran precisamente cordiales.

—No vine a causar problemas, tío —dijo Bruno, cuando Elena finalmente se acercó lo suficiente para escuchar el final de la conversación, decidida a no permitir que aquel momento la intimidara como lo había hecho en ocasiones anteriores —Solo vine a presentar mis respetos, como corresponde a cualquier miembro de la familia en una ocasión como esta.

—Tus "respetos" tienen un historial bastante cuestionable, Bruno —replicó Dante, con una frialdad que no dejaba lugar a dudas sobre su desconfianza —Considerando que la última vez que decidiste involucrarte en los asuntos de Elena, terminaste financiando una campaña de difamación en su contra.

—Ya reconocí ese error, tío —dijo Bruno, aunque su voz sonaba menos convincente de lo que probablemente pretendía —Estoy dispuesto a dejar el pasado atrás, si eso es lo que se necesita para que esta familia vuelva a estar en paz.

Elena, ya de pie junto a Dante, observó a Bruno directamente a los ojos, decidida a no dejarse intimidar por su presencia ni un segundo más.

—No necesito que finjas arrepentimiento delante de todos estos invitados, Bruno —dijo, con una voz firme que sorprendió incluso a ella misma —Solo necesito que a partir de hoy me dejes en paz, a mí y a mi hijo.

Bruno la observó fijamente, con una expresión que combinaba a partes iguales resentimiento y algo mucho más difícil de identificar, quizás un rastro persistente de aquellos celos que Elena ya había presenciado semanas atrás, el día de la firma del contrato.

—Es curioso verte tan segura de ti misma, Elena —dijo finalmente Bruno, con una media sonrisa amarga —Antes no eras así.

—Antes no sabía todavía de lo que era capaz —respondió Elena, sin titubear —Tú mismo te encargaste de enseñármelo, Bruno, aunque estoy segura de que esa jamás fue tu intención.

Dante, que había observado todo el intercambio con atención silenciosa, dio un paso adelante, colocándose deliberadamente entre Bruno y Elena, con una postura que dejaba absolutamente claro de qué lado se encontraba en aquella disputa.

—Escúchame bien, Bruno, porque no pienso repetirlo una segunda vez —dijo, con una voz baja pero cargada de una autoridad implacable que hizo que varios invitados cercanos se giraran discretamente hacia ellos, sintiendo la tensión del momento —A partir de hoy, respeta a mi esposa. No como una advertencia superficial, sino como una condición absoluta para que sigas teniendo algún lugar en esta familia. Si vuelvo a enterarme de que intentaste dañarla de cualquier forma, sea a través de la prensa, de mensajes anónimos, o de cualquier otro método que tu imaginación logre concebir, no habrá parentesco ni disculpa que evite las consecuencias que enfrentarás. ¿He sido suficientemente claro?

Bruno palideció visiblemente ante la firmeza de aquella advertencia, pronunciada delante de varios testigos que, sin duda, se encargarían de difundir el mensaje entre el resto de la familia y los socios presentes.

—Perfectamente claro, tío —murmuró finalmente, bajando la mirada por primera vez desde que Elena lo conocía —No volverá a suceder.

—Espero que así sea, por tu propio bien —dijo Dante, antes de girarse nuevamente hacia Elena, ofreciéndole el brazo con una ternura que contrastaba enormemente con la dureza que acababa de demostrar segundos antes —Ven, Elena. Todavía nos queda una boda que celebrar como corresponde.

Elena tomó el brazo de su esposo, sintiendo que, por primera vez desde el inicio de aquella historia marcada por la traición y la humillación, finalmente comenzaba a sentir que tenía un lugar seguro al cual pertenecer, un lugar defendido con una fiereza que iba mucho más allá de cualquier cláusula contractual que ambos hubieran firmado.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP