Capítulo 14: Dante responde

La rueda de prensa se celebró en el salón principal de las oficinas centrales del Grupo Moretti, ante una audiencia de periodistas que llenaba cada silla disponible y varios espacios de pie al fondo de la sala. Elena sintió el peso de decenas de cámaras apuntando hacia ella en cuanto tomó asiento junto a Dante, en la mesa principal, con Camila sentada apenas dos sillas más allá, dispuesta a cumplir su palabra.

—Buenas tardes a todos —comenzó Dante, con la voz serena y autoritaria que Elena ya reconocía como su registro habitual frente a situaciones de crisis —Hemos convocado esta conferencia para aclarar, con pruebas concretas, la campaña de difamación que mi esposa ha sufrido durante los últimos días.

Durante la siguiente media hora, los abogados de Dante presentaron un análisis forense detallado que demostraba, sin lugar a dudas, que las capturas de pantalla publicadas habían sido manipuladas digitalmente, combinando fragmentos reales de mensajes con frases completamente fabricadas. Camila, cuando le tocó el turno de hablar, confirmó con voz firme que Bruno jamás había mencionado ningún plan de Elena para sabotear la boda, y que, de hecho, él mismo se había mostrado sorprendido cuando ella apareció aquel día.

—Bruno Moretti me utilizó a mí tanto como utilizó a Elena —declaró Camila ante las cámaras, con una dignidad que arrancó murmullos de sorpresa entre los periodistas presentes —Y ahora está intentando destruir la reputación de una mujer inocente para salvar la suya propia. Eso dice mucho más sobre su carácter de lo que cualquier mensaje falso podría decir sobre el de Elena.

Cuando finalmente le llegó el turno de hablar a Elena, sintió que las manos le temblaban bajo la mesa, pero al alzar la vista y encontrar la mirada firme de Dante a su lado, reunió la fuerza necesaria para dirigirse directamente a las cámaras.

—Solo quiero decir una cosa —dijo, con la voz más firme de lo que había anticipado —No busco la compasión de nadie. Solo pido que la verdad se conozca. Y la verdad es que fui una mujer enamorada que confió en la persona equivocada, y que ahora está construyendo una vida nueva para proteger a su hijo. Eso es todo lo que he hecho.

La rueda de prensa terminó con una sensación de victoria parcial, aunque Elena sabía que el daño ya causado por los días anteriores de escándalo no desaparecería de la noche a la mañana. Sin embargo, no imaginaba que Dante todavía tenía preparada una jugada adicional.

Tres días después, mientras desayunaban juntos en la terraza, Dante deslizó su tableta sobre la mesa, mostrándole un artículo de noticias financieras.

—¿Qué es esto? —preguntó Elena, tomando el dispositivo y leyendo el titular con creciente asombro "Grupo Moretti adquiere participación mayoritaria en el portal de noticias que publicó la controvertida exclusiva sobre Elena Márquez".

—Compré el medio —dijo Dante, con una tranquilidad que contrastaba enormemente con la magnitud de aquella noticia —O más precisamente, compré una participación mayoritaria suficiente para tener control total sobre su línea editorial.

Elena alzó la vista hacia él, completamente atónita.

—¿Compraste todo un medio de comunicación solo por lo que publicaron sobre mí? —preguntó, sin poder ocultar la incredulidad en su voz — Dante, eso debió costarte una fortuna.

—Una fortuna que puedo permitirme perfectamente —respondió él, sin darle mayor importancia —Y no fue solo por venganza, Elena, aunque no voy a negar que también hubo algo de eso. Ese portal recibió dinero de una cuenta vinculada a Bruno para fabricar y publicar información falsa sobre ti. Necesitaba asegurarme de que jamás volvieran a hacerlo, ni contigo ni con nadie más relacionado con mi familia.

—¿Y qué va a pasar ahora con el medio? —preguntó Elena, todavía procesando la magnitud de lo que Dante acababa de revelarle.

—Ya despedí al editor responsable de la publicación, y contraté a un nuevo equipo directivo con instrucciones muy claras sobre verificación de fuentes —explicó Dante, con la misma calma pragmática de siempre —Además, publicarán una retractación completa mañana por la mañana, reconociendo que la información difundida fue fabricada, y detallando el pago que recibieron para hacerlo.

Elena se quedó en silencio un largo momento, observando a Dante con una mezcla de asombro y una emoción que no supo nombrar del todo. Aquel hombre, que insistía tanto en mantener su matrimonio dentro de los límites estrictamente prácticos que ambos habían acordado, acababa de utilizar recursos financieros extraordinarios, sin dudarlo ni un segundo, para protegerla a ella de una campaña de difamación.

—¿Por qué hiciste esto, Dante? —preguntó finalmente, con una voz mucho más suave de lo que había pretendido —No tenías por qué llegar tan lejos. Con la rueda de prensa hubiera sido suficiente.

Dante la miró fijamente, con una expresión que, por un instante fugaz, dejó entrever algo mucho más profundo de lo que él normalmente permitía mostrar.

—Porque nadie destruye lo que me pertenece —respondió, con una voz baja pero cargada de una convicción absoluta —Y ahora, Elena, seas mi esposa por conveniencia o no, formas parte de lo que yo protejo. Eso no es negociable, ni siquiera dentro de los términos de nuestro contrato.

Elena sintió que el corazón le daba un vuelco extraño ante aquellas palabras, una sensación que se apresuró a atribuir simplemente al alivio de sentirse, después de tanto tiempo, verdaderamente protegida por alguien. Pero en algún rincón de su mente, una pequeña voz insistía en recordarle que aquella frase, "lo que me pertenece", no sonaba en absoluto como algo dicho por un hombre que solo actuaba movido por obligaciones contractuales.

—Gracias, Dante —dijo finalmente, incapaz de encontrar palabras más elaboradas para expresar la gratitud genuina que sentía —De verdad, gracias por defenderme así.

—No tienes que agradecerme nada —respondió él, levantándose de la mesa y recogiendo su tableta con un gesto que pretendía dar por terminada la conversación —Solo prométeme una cosa, Elena.

—¿Qué cosa?

—Que la próxima vez que alguien intente amenazarte o dañarte de cualquier forma, vendrás directamente a mí, sin dudarlo —dijo Dante, con una seriedad que no dejaba espacio para bromas —No quiero que enfrentes sola ninguna batalla más, ¿entendido?

Elena asintió lentamente, sintiendo que aquella promesa, por sencilla que pareciera en palabras, representaba en realidad algo mucho más profundo, la certeza creciente de que, a pesar de todas las reglas y condiciones que ambos habían acordado tan cuidadosamente, la línea entre el matrimonio práctico que habían firmado y algo mucho más genuino comenzaba, poco a poco, a desdibujarse entre ellos.

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