Elena no esperaba volver a saber de Sofía tan pronto, y mucho menos que se presentara sin avisar en la puerta de la mansión, una tarde lluviosa de sábado, con un ramo de flores en las manos y una sonrisa que pretendía transmitir una preocupación genuina. —Elena, perdón por venir sin avisar —dijo Sofía, cuando Graciela la condujo hasta la sala donde Elena descansaba leyendo —Intenté llamarte varias veces esta semana, pero no contestaste, y me empecé a preocupar. —He estado ocupada con los preparativos del bebé —respondió Elena, con cierta cautela, invitando a Sofía a sentarse frente a ella, aunque sin la calidez que solía caracterizar sus encuentros antes de todo el escándalo —¿Qué tal has estado tú? —Bien, dentro de lo que cabe —dijo Sofía, entregándole el ramo de flores con una sonrisa que a Elena le pareció, por primera vez, ligeramente forzada —Sobre todo, preocupada por ti. Con todo lo que salió en las noticias hace unas semanas, quería asegurarme de que estuvieras realmente bi
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