Mundo ficciónIniciar sesiónLa rueda de prensa que Dante había prometido convocar quedó programada para dos días después, tiempo suficiente para que su equipo de comunicación preparara cuidadosamente cada detalle. Pero antes de que pudieran celebrarla, un nuevo golpe cayó sobre Elena con una violencia que ella no había anticipado.
Fue su asistente personal, una joven llamada Marisol que Dante había contratado para ayudarla con la creciente carga de compromisos sociales, quien le mostró la noticia con el rostro pálido, entrando a su habitación sin siquiera llamar a la puerta. —Señora Moretti, tiene que ver esto —dijo, extendiéndole su propio teléfono con manos temblorosas —Acaba de publicarse hace apenas diez minutos. Elena tomó el teléfono y sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al ver el titular, "Exclusiva, mensajes privados revelan la verdadera intención de Elena Márquez de destruir la boda de Bruno Moretti". Debajo, capturas de pantalla de conversaciones que ella recordaba haber tenido con Bruno meses atrás, sacadas completamente de contexto, editadas para hacer parecer que ella había planeado deliberadamente presentarse en la boda para sabotearla. —Esto es mentira —susurró Elena, desplazándose por el artículo con manos temblorosas —Estos mensajes están manipulados. Yo nunca dije que planeaba "arruinarle la vida a Camila para quedarme con la fortuna Moretti". Jamás escribí algo así. Bajó corriendo hacia el despacho de Dante, encontrándolo ya al teléfono con su equipo legal, con una expresión de furia contenida que Elena reconocía perfectamente. —Averigüen de inmediato quién filtró esas capturas de pantalla —ordenaba Dante, con una voz gélida que no dejaba lugar a dudas sobre la seriedad del asunto —Y quiero saber si son auténticas o manipuladas antes de que termine el día. Al colgar, se giró hacia Elena, notando de inmediato la palidez de su rostro. —Ya lo viste —dijo, más como afirmación que como pregunta. —Dante, esos mensajes son falsos, o al menos están completamente sacados de contexto —dijo Elena, con la voz quebrada por la indignación — Yo jamás escribí que quería arruinar la boda de Camila para quedarme con tu fortuna. Eso ni siquiera tiene sentido, ¡yo no sabía nada de tu existencia hasta el día de la boda! —Lo sé, Elena —respondió Dante, con una calma que pretendía tranquilizarla, aunque sus ojos delataban una furia que apenas lograba contener—Mis abogados ya están analizando las capturas. Sospecho que fueron editadas digitalmente combinando fragmentos reales de conversaciones antiguas con frases completamente inventadas. —¿Quién haría algo así? —preguntó Elena, aunque en el fondo ya sospechaba la respuesta. La respuesta llegó apenas unas horas después, cuando el equipo legal de Dante logró rastrear el origen de la filtración hasta una cuenta anónima que, tras una investigación más profunda, resultó estar vinculada a un editor de fotografía freelance que había recibido un pago considerable de una cuenta bancaria offshore registrada, según pudieron determinar los abogados, a nombre de una empresa fantasma controlada indirectamente por Bruno Moretti. —Es él —confirmó Dante esa misma noche, mostrándole a Elena el informe que sus abogados acababan de entregarle —Bruno pagó a alguien para fabricar esas capturas de pantalla y filtrarlas a la prensa. Elena sintió que una mezcla de furia y de un dolor profundo le recorría el pecho. A pesar de todo lo que Bruno le había hecho ya, de alguna manera todavía conservaba la ingenua esperanza de que existiera un límite, un punto en el que incluso él se detendría antes de intentar destruir completamente su reputación con mentiras fabricadas. —¿Por qué haría esto? —preguntó, aunque la pregunta era más retórica que genuina, pues en el fondo ya conocía perfectamente la respuesta —¿Qué gana Bruno con presentarme ante todo el país como una mujer manipuladora que planeó destruir su boda? —Control del relato, probablemente —respondió Dante, sentándose junto a ella con expresión seria—Si logra que la opinión pública te vea como la villana de esta historia, entonces automáticamente él se convierte en la víctima, en el hombre engañado por una mujer ambiciosa, en lugar del hombre que efectivamente traicionó a dos mujeres en la misma tarde. —Pero eso es completamente injusto —protestó Elena, con la voz cargada de indignación —¡Él es quien mintió durante ocho meses! ¡Él es quien me pidió que abortara! ¡Él es quien planeaba casarse con Camila mientras seguía teniendo una relación conmigo! —Lo sé, Elena, y vamos a asegurarnos de que la verdad completa salga a la luz —dijo Dante, con una determinación renovada —Precisamente por eso necesitamos que la rueda de prensa de mañana sea absolutamente contundente. Necesitamos presentar pruebas irrefutables que desmientan estas mentiras, no solo tu palabra contra la de Bruno. Al día siguiente, mientras se preparaban para la rueda de prensa, Elena recibió una llamada inesperada de un número que, esta vez, no era anónimo, era Camila, la mujer que debería haberse convertido en esposa de Bruno apenas semanas atrás. —Elena, sé que probablemente sea la última persona de quien esperarías recibir ayuda —dijo Camila, con una voz cargada de una determinación fría que Elena no le había escuchado el día de la boda —pero acabo de ver la noticia sobre esos supuestos mensajes tuyos, y sé perfectamente que son falsos. —¿Cómo lo sabes? —preguntó Elena, sorprendida por aquella llamada. —Porque durante los últimos meses de nuestro compromiso, Bruno constantemente hablaba mal de ti conmigo, quejándose de que eras una "empleada obsesiva" que se negaba a aceptar que su relación era solo algo pasajero —explicó Camila —Nunca, ni una sola vez, mencionó que tú planearas arruinar nuestra boda. De hecho, hasta el día mismo de la ceremonia, él estaba convencido de que tú ni siquiera sabías la fecha exacta. Elena sintió que algo parecido al alivio le recorría el pecho al escuchar aquella confirmación, aunque proviniera de la fuente más inesperada posible. —¿Estarías dispuesta a repetir eso públicamente? —preguntó, con cierta cautela, consciente de que estaba pidiendo mucho de una mujer a quien apenas conocía y a quien, indirectamente, había perjudicado también. —Bruno destruyó mi reputación tanto como la tuya, Elena —respondió Camila, con una frialdad decidida —Estaré encantada de ayudarte a exponer la verdad completa sobre el tipo de hombre que realmente es, si eso significa que ambas podemos finalmente recuperar el control de nuestras propias historias. Esa tarde, mientras Elena se preparaba para enfrentar a la prensa junto a Dante, con el testimonio inesperado de Camila ya asegurado como respaldo adicional, sintió que por primera vez desde el inicio de aquel escándalo mediático, tenía una oportunidad real de revertir la narrativa que Bruno había intentado imponer con tanta crueldad calculada. —¿Lista? —preguntó Dante, ofreciéndole el brazo mientras se dirigían hacia la sala donde ya los esperaban decenas de periodistas y cámaras de televisión. —Lista —respondió Elena, con una firmeza que, esta vez, sentía completamente genuina —Es hora de que Bruno Moretti descubra que subestimó por completo a la mujer que decidió traicionar.






