Emma detiene la mano justo sobre mi corazón, que late con fuerza contenida. Alza un poco la cabeza en la penumbra para buscar mi mirada.—Que me embaraces, Thomas. ¿Para qué esperar y retrasar lo inevitable?Mis músculos se tensan como cuerdas de acero bajo su palma. El calor de sus dedos se clava en mi piel, enviando una descarga directa hacia mi vientre que me acelera el pulso en un segundo. La sangre me ruge en los oídos, espesa, caliente, acumulándose con fuerza entre mis piernas. Mi respiración se vuelve pesada, profunda, incapaz de disimular el impacto de sus palabras. Su cercanía, su olor limpio y esa petición directa me desarman la maldita cordura.¡Es ella! ¡Tómala ya!, ruge mi lobo en mi cabeza, arañando con desesperación, desbocado por el instinto. Déjate de estrategias, Thomas. No pienses más. Está en nuestra cama, se está entregando. Hazle el cachorro ahora mismo.La vibración de la bestia me sacude por dentro, exigiéndome que la voltee contra el colchón y hunda mis colmi
Leer más