11. Narra Anastasia
El viernes transcurrió con una lentitud desesperante. Mientras lidiaba con una pila interminable de papeleo, llamadas y correos, mi mente no dejaba de volver a mi decisión de ayer. Acepté la propuesta. Dos mil ochocientos dólares. Me repetía a mí misma que era solo trabajo, una transacción más, pero el estómago me daba vueltas cada vez que Maverick salía de su oficina y sus ojos se posaban sobre mí con esa intensidad indescifrable. Él, por su parte, se comportaba como si nada hubiera pasado, manteniéndose en un terreno estrictamente profesional que, lejos de tranquilizarme, me ponía más tensa.—Señorita Ross, necesito que le diga a Sophia Zambrano que venga a la oficina, ahora mismo —dijo Maverick, apareciendo de repente frente a mi escritorio. Su tono era seco, pero un brillo fugaz en sus ojos me advirtió que algo estaba tramando.Asentí, tratando de ocultar mis nervios, y llamé a mi mejor amiga. Una hora después, Sophia entró en MAVE. Se veía radiante, con un conjunto formal que gri
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