11. Narra Anastasia
El viernes transcurrió con una lentitud desesperante. Mientras lidiaba con una pila interminable de papeleo, llamadas y correos, mi mente no dejaba de volver a mi decisión de ayer. Acepté la propuesta. Dos mil ochocientos dólares. Me repetía a mí misma que era solo trabajo, una transacción más, pero el estómago me daba vueltas cada vez que Maverick salía de su oficina y sus ojos se posaban sobre mí con esa intensidad indescifrable. Él, por su parte, se comportaba como si nada hubiera pasado, ma